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¿La identidad del ser humano ya no es única?

Conforme avanza la tecnología, las personas se ven obligadas a interactuar en entornos electrónicos y, con ello, a crear y gestionar sus identidades digitales. El relacionamiento contemporáneo se marca por redes sociales, correos electrónicos, videoconferencias, aplicaciones móviles y mensajería instantánea, remplazando las llamadas por teléfono fijo, las reuniones presenciales y las cartas físicas.

Los entornos electrónicos plantean una duda generalizada que sigue estableciendo importantes retos hasta el día de hoy: ¿Cómo sé con quién estoy interactuando en línea? Cuando los trámites y el relacionamiento social eran presenciales, la validación de identidad era más sencilla, pues claramente se podía ver la persona con la que se estaba interactuando (aunque también se podían presentar fraudes o suplantaciones), pero en entornos electrónicos en muchas ocasiones no hay certeza de la persona con la cual se interactúa –e incluso, no se sabe si se trata de una persona real o de un bot-.

Estos entornos electrónicos trajeron consigo la noción de identidad digital, mediante la cual se busca la identificación de las personas en un mundo virtual. A partir de ese momento se incorporaron en la vida de los seres humanos las contraseñas, los tokens, los OTP, las firmas digitales y la biometría, como instrumentos para vincular una identidad digital con una persona física o real y brindar seguridad en las transacciones electrónicas.

Dentro de los mecanismos para validar la identidad digital, la biometría ha sido uno de los más utilizados en el último tiempo, pues se basa en características físicas  únicas del ser humano, como el rostro, las huellas dactilares, la voz o el comportamiento. El pilar básico de la biometría es que nadie puede tener mi rostro, mi voz o mis huellas dactilares y, por ende, es mucho más segura que otros mecanismos, como las contraseñas.

A partir de este razonamiento, la ciudadanía en general empezó a relacionar la biometría con la seguridad: por ejemplo, según Kaspersky, cerca del 75% de los latinoamericanos considera segura la biometría facial y, además, dicha tecnología ha sido implementada por múltiples países como mecanismo de validación de identidad, incluyendo a Colombia con la cédula de ciudadanía digital. Esta confianza ha generado que la biometría se incorpore en aspectos tan cotidianos de la vida como el desbloqueo del teléfono celular.

No obstante, es importante tener en cuenta que toda tecnología es susceptible de fallas y de riesgos tecnológicos, incluyendo la biometría. Prueba de ello son las denuncias recientes de candidatos a gobernaciones y alcaldías, donde señalan que se han difundido audios fraudulentos donde se imita su voz, a través de los denominados “deepfakes”. A continuación se explicará un poco más este concepto y se revisará el caso puntual de los deepfakes de voz (o deepvoices), para indagar que tan peligrosos son estos deepfakes y si estos peligros implican dejar de usar mecanismos de biometría de voz.

¿Qué es un deepfake de voz?

Los deepfakes en general son videos, imágenes o audios que aparentan ser reales, pero que en realidad no lo son. Son generados por programas de inteligencia artificial u otros software informáticos que permiten alterar elementos multimedia. A partir de ello se puede, por ejemplo, hacer que una persona grabe un video y, posteriormente, cambiar el rostro de la persona por otro distinto para inducir a engaño a las personas que ven dicho video.

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Lo que hace especial a los deepfakes es que a simple vista el video, imagen o audio parece legítimo, permitiendo que rápidamente se puedan difundir noticias falsas porque para las personas es difícil detectar que se trata de un engaño.

En el caso específico de las deepfakes de voz, lo que hace el software es escuchar a una persona y posteriormente copiar su voz. Ello permite que una persona pueda escribir cualquier texto y el software lo replicará imitando la voz de otro ser humano, con tal grado de precisión que brinda la ilusión de estar oyendo un audio auténtico, pues no es fácil identificar que en verdad se trata de una máquina.

¿Por qué los deepfakes son peligrosos?

Una de las estafas telefónicas más comunes es que se reciba la llamada de un supuesto policía, militar u otra autoridad indicando que uno de nuestros familiares más cercanos se encuentra en problemas y va a ir a la cárcel, salvo que paguemos una fianza. Las personas que caen en la estafa consignan a una cuenta, a pesar de que realmente su familiar nunca estuvo en riesgo.

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